¿Cuántas veces dudaste de la inteligencia de tu hijo? Si será capaz de dibujar un círculo, si será de capaz de leer y escribir, si será capaz de sumar y restar, si podrá manejar una computadora, si será capaz de atarse los cordones…. si será capaz de …Podría mencionar muchas más expectativas que los padres ponemos en nuestros hijos con discapacidad, y que nos generan muchas ansiedades y frustraciones.

Por ejemplo, ¿cuántas veces nos tentamos en comparar su inteligencia con la de otro chico de la misma edad sin ninguna discapacidad?

Y pensamos en el famoso coeficiente intelectual, que aparece en los tests evaluadores tan estructurados, necesarios para un cierto abordaje, pero solo una pequeña parte de la que hace a una persona.

Lo interesante sería plantearnos de qué hablamos cuando hablamos de inteligencia.

Es común que un familiar al ver que tu hijo con discapacidad logra abrocharse el cierre de la campera solo –a los 10 años-  diga “qué inteligente que es!”. Entonces uno cuando escucha eso duda, y piensa, “¿lo dice porque lo cree realmente?”.

En una entrevista que realizó Luis Novaresio al médico neurólogo Facundo Manes, éste advirtió el hecho de que vivimos poniéndole etiquetas a nuestros hijos: “vos sos bueno para las matemáticas, vos sos bueno para el arte” y sostuvo que la ciencia no puede medir la complejidad de la inteligencia humana en toda su magnitud. Lo que sí puede, es medir aspectos de la inteligencia, como por ejemplo el coeficiente intelectual. Manes dice que el coeficiente intelectual predice éxitos en determinadas tareas de la vida, si vas a ser Físico o Matemático tenés más chance de ser buen Físico si tenés alto coeficiente intelectual. Por otra lado, por ejemplo, para el liderazgo no se necesita tener gran coeficiente intelectual, sino se necesita inteligencia social, emocional, que no se puede medir.

Y yendo más allá, y a aspectos que pocas veces tenemos en cuenta a la hora de describir “la inteligencia”, Manes sostiene que tampoco la ciencia puede medir la ironía, el humor, que también son formas de inteligencia. Y acá me detengo a recordar y buscar en mi memoria las innumerables risas compartidas con mi hijo, que me llenaron el alma y me dieron un shot de energía instantáneo.

Otra cuestión en la que hizo hincapié el neurólogo es que la inteligencia es flexible y lo importante es la tenacidad, el esfuerzo, las metas, el propósito.

Entonces preguntate, ¿cuánta garra le viene metiendo tu hijo en sus terapias físicas o en una cancha de fútbol? Y detenete a mirar esos logros, que no importa el tiempo en el que los logró, sino el hecho en sí.

¿De qué hablamos cuando hablamos de inteligencia? Como dijo Manes “La ciencia no puede medir la complejidad de la inteligencia humana”, porque “ser inteligente” es mucho más que hacer cuentas o dibujar un círculo perfecto, ser inteligente es que te haga una caricia en el momento justo, porque te vio, te sintió que lo necesitabas. Ser inteligente es que le regale todas las semanas una inmensa sonrisa a su kinesiólogo siendo consciente del gran esfuerzo que le implica cada una de esas sesiones. La inteligencia está en que se ría de tus chistes tontos, y se enoje cuando no le gusta algo. La inteligencia está en cada uno de nosotros y en cada uno de ellos, solo hay que saber mirar.

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