Se estima que cerca de 400 mil argentinos padecen la enfermedad. La dieta Atkins modificada se utiliza para el tratamiento de los casos que no responden a la farmacología disponible

La epilepsia es una de esas enfermedades de las que poco se comunica, aunque afecte a alrededor de 400 mil argentinos, principalmente a los más chicos.
Eric Kossoff, especialista en neurología pediátrica del Instituto Médico Johns Hopkins, presentó un estudio sobre 30 niños con epilepsia refractaria -aquella que no responde a los medicamentos- tratados con la Dieta Atkins Modificada, más un suplemento cetogénico.
Los resultados revelaron que el 80 por ciento de los participantes registró una reducción en la cantidad de convulsiones superior al 50 por ciento. Y entre ellos, el 37 por ciento logró una reducción mayor al 90 por ciento.
Sobre la epilepsia
“La epilepsia es una enfermedad que no respeta sexo, edad, ni clase social. En cuanto a la prevalencia en nuestro país, extrapolando valores internacionales de referencia que registran una cifra cercana al 1 por ciento de la población, nos da un total del orden de los 400 mil casos, de los cuales aproximadamente el 60% son niños”, sostiene el Dr. Roberto Caraballo, neurólogo pediatra, jefe de clínicas, unidad de video-monitoreo y electroencefalografía del servicio de neurología del Hospital Garrahan.
La epilepsia es una enfermedad neurológica que tiene tres posibles causas: la genética, que es la más frecuente y que suele ser ‘edad-dependiente’, generalmente con buen pronóstico; la estructural o metabólica, que se origina por lesiones cerebrales hereditarias causadas por trastornos del metabolismo, y -por último- los casos de causa desconocida
“Los pacientes que no responden al tratamiento farmacológico pueden beneficiarse o bien con cirugía, con estimulación vagal (de acuerdo al síndrome) o, en la mayoría de los casos, mediante la administración de una dieta cetogénica, que demostró reducir hasta un 50 por ciento las crisis, e incluso en algunos pacientes erradicarlas por completo“, agrega Caraballo.
Los detalles del estudio 
El prestigioso Instituto Hopkins, de Baltimore, Estados Unidos, comenzó en 2001 a trabajar con la Dieta Atkins Modificada, con niños con epilepsia. En el Hospital Garraham, Kossoff, líder de la investigación, presentó los resultados del estudio realizado sobre 30 chicos, en los que se obtuvo un elevado nivel de respuesta a la Dieta Atkins Modificada, complementada durante el primer mes con un suplemento cetogénico.
Tras un mes de seguimiento, el equipo del Intituto Hopkins reveló que el 80 por ciento de los menores tuvo una reducción en la cantidad de convulsiones mayor al 50 por ciento, mientras que dentro de ese grupo, casi 4 de cada 10 (37%) logró una disminución superior al 90 por ciento.
En opinión del Dr. Eric Kossoff, principal investigador del trabajo, “si bien la Dieta Atkins Modificada no requiere la incorporación de una fórmula cetogénica, este estudio demostró que si esta fórmula se emplea durante el primer mes de tratamiento, la dieta es más efectiva. Además, el suplemento aporta una buena fuente de grasas y contribuye a la adherencia al tratamiento”.
¿Qué es una dieta cetogénica? 
Un régimen alimentario con una composición rica en grasas y baja en hidratos de carbono, que contribuye a que en la sangre se concentren más ‘cetonas’, que son las sustancias que poseen un fuerte efecto anticonvulsivante. Son una alternativa dietaria terapéutica para el tratamiento de las epilepsias refractarias.
¿Cómo es la dieta cetogénica?
La Dieta de Atkins Modificada es una variante menos restrictiva que la dieta cetogénica clásica. Ambas se caracterizan por incluir lácteos, aceite, carnes de todo tipo, frutas y verduras y por restringir la ingesta de hidratos de carbono, como por ejemplo cereales, papas, galletitas, choclo, batata y pastas.
Sin embargo, en la dieta cetogénica clásica se controlan y se miden con la mayor precisión posible la cantidad de calorías, proteínas y líquidos que se ingieren. Mientras que la Dieta Atkins Modificada no restringe el consumo de calorías, proteínas ni líquidos, por lo que no requiere el control ni la medición minuciosa de estos componentes. Ello le permite al paciente, por ejemplo, concurrir a un restaurante y no tener que pesar los alimentos que consume.
¿Cómo funciona?
A partir de la ingesta excesiva de grasas y reducida en carbohidratos, se estimula la producción de cetonas en sangre, las que actuarán sobre el cerebro con sus efectos anticonvulsivantes. También promueven una mejora en la actividad mitocondrial, lo que potencia la acción de los neurotransmisores, y reducen levemente la glucosa, contribuyendo también con ese efecto anticonvulsivante.
Cuando una dieta incluye carbohidratos, éstos se metabolizan como azúcar y el organismo utiliza la glucosa como fuente de energía. Mientras que con una dieta muy baja en hidratos de carbono y elevada en grasas, el cuerpo toma la energía de las grasas, promoviendo un proceso de degradación que genera las cetonas.
La doctora Marisa Armeno, médica pediatra, especialista en nutrición infantil del servicio de nutrición del Hospital Garrahan, explica: “La dieta cetogénica clásica tiene casi 100 años de uso, con numerosas investigaciones internacionales la avalan. En el país contamos con una gran tradición y experiencia con respecto a su uso, ya que es la más utilizada en los niños, mientras que los adolescentes y los adultos suelen sentirse más cómodos, por el tipo de vida que suelen llevar, con la Dieta Atkins Modificada”.
¿Qué es la dieta Atkins?
“En ambos casos puede acompañarse la dieta con un suplemento cetogénico, que es un compuesto que contribuye a mejorar la relación cetogénica de la dieta y a disminuir el déficit de micronutrientes“.
“La dieta debe estar controlada por profesionales, ya que a los tres meses de consumirla regularmente comienza a darse un cambio en el metabolismo del paciente. El cerebro comienza a utilizar cetonas en lugar de glucosa como combustible“, agrega Armeno.
Por su parte, Kossoff sostuvo que “la dieta cetogénica clásica contiene un 90% de grasas, 8% de proteínas y 2% de hidratos de carbono, mientras que la dieta Atkins modificada incluye 60% de grasas, 30% de proteínas y 10% de carbohidratos. Suele indicarse generalmente en adolescentes y adultos, ya que puede realizarse fuera del ámbito hospitalario y no requiere pesar ni medir las porciones de los alimentos”.
“La implementación de una dieta cetogénica en niños con epilepsias refractarias permite que un 60 por ciento de esos niños disminuya más del 50 por ciento de las crisis que tenían antes de la dieta y que, de éstos, el 10 por ciento quede absolutamente libre de crisis, además de la posibilidad de mejorar en otras áreas, como el neurodesarrollo y la calidad de vida”, remarca Armeno.
Los efectos secundarios
“Como todo tratamiento médico tiene efectos secundarios. Lo bueno es que, a diferencia de los medicamentos, donde se debe bajar la dosis o abandonarlos, durante la dienta cetogénica se pueden utilizar suplementos para mejorar estos efectos. Generalmente son exitosos, por lo que no debemos dejar la dieta,” explica Kossoff.
“ES FUNDAMENTAL NO HACER LA DIETA POR CUENTA PROPIA, SINO CON EL ACOMPAÑAMIENTO DE LOS PROFESIONALES”. 
“Entre los efectos indeseados se encuentra la constipación, hipoglucemia y, en algunos casos, vómitos. Estos se pueden mejorar con tratamientos especiales. Los efectos menos comunes pueden ser colesterol alto, cálculos renales o efectos en el crecimiento. En estos casos es muy importante la supervisión de un neurólogo y un nutricionista. Aunque en estos casos también puede modificarse con suplementos”.
Para mayor información sobre las dietas cetogénicas, recetas especiales y datos útiles sobre la enfermedad, por favor consultar el sitio web www.dietaparaepilepsia.com.ar
(Fuente: INFOBAE)
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