La Dieta Cetogénica resulta ser como un especie de amor platónico. Cuando te dicen que el tratamiento para la enfermedad de tu hijo es una Dieta, alucinas. Quieres empezar la dieta ya. Probablemente te adviertan que hay que ir probando, que no será fácil pero con tan solo vislumbrar la posibilidad de que tu hijo tome menos medicación, ya te ilusionas. Pones muchas fichas en ese “amor platónico”, sin embargo cuando empiezas a transitar el camino de la Dieta te vas dando cuenta que estas viviendo algo real. Del amor a la dieta pasarás en un segundo al odio cuando tengas que tirar esa comida en la que estuviste trabajando por una hora, o se la pongas en la mesa a tu hijo y no la quiera comer. Pero como puede no gustarle si estuve toda la mañana poniendo mi mayor esfuerzo para hacer esto? Y mientras tu hijo espera que le hagas otra cosa, tú te frustras.
El amor en algún punto es así: pasas de querer revolear los platos a querer tan solo un abrazo,  te desilusionas, te ilusionas, te entusiasmas, te frustras, te sientes feliz y por otro lado la más desdichada. Ese loco amor que es la Dieta Cetogénica te hará pasar por mil estados, pero, qué no haríamos por amor?

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