¿Cómo estás? ….. Si, a vos que me estás leyendo te pregunto: ¿cómo estás?

………. ¿cómo estás?

¿Cuántas veces al día te lo preguntan? ¿Cuántas veces al día lo preguntás?
Cómo estás. Dos palabras que juntas pueden provocar distintas emociones: indiferencia si la contestamos al pasar…”Bien Bien”; miedo si no estamos del todo bien y ni siquiera nos lo queremos preguntar a nosotros; felicidad porque alguien al fin nos lo pregunta; empatía si también nosotros la preguntamos.

¿Por qué hay tanto miedo de preguntar “cómo estás”? Generalmente porque hay temor a que al otro le pueda caer mal o se sienta incómodo, sobretodo si no está pasando por un buen momento. Y entonces ¿qué sentido tiene que solo la preguntemos cuando está todo bien? ¿O será que el que pregunta tiene miedo a que lo que el otro le conteste le pueda tocar tan hondo que no pueda afrontarlo?

El otro día en una reunión de Afecto Mariposa -una red impulsada en España de familias con discapacidad que acompañan a otras familias- una mamá española sostuvo: “Nadie nos pregunta cómo estamos…siempre nos preguntan por nuestros hijos y no por nosotros”. Bastante Cierto!
Generalmente cuando se convive con una enfermedad el centro de atención está puesto en la persona que tiene la enfermedad y todo su mundo. Sin embargo, también hay padres, hermanos, tíos, abuelos, amigos que lo viven a su manera y les vendría súper un “¿cómo estás?”.

En estos tiempos de pandemia también aplica porque el virus pone en velo no solo al que lo padece sino a todo su entorno.

Ahora no solo es importante preguntarlo sino también escuchar la respuesta, y quizás esto a veces requiera de un mayor esfuerzo y dedicación. Y no para aconsejar sino para acompañar, porque quizás la respuesta también nos llene de emociones encontradas y nos deje sin palabras. Si el otro nos abre su corazón no es necesario responder o llenar un espacio con palabras, sino estar y abrir también nuestro corazón para acompañar y sentir.