Este DSCN0222es el título de un excelente artículo que descubrí en el Diario La Nacion de Argentina, escrito por Macecla Urdínez, que quiero compartir con ustedes.
Cuando la discapacidad se asoma en nuestros hogares comienza una revolución. Depende como lo viva cada uno, puede ser positiva y de mucho aprendizaje, o sumamente negativa, sin poder vislumbrar un horizonte cercano.
Nosotros, como familia, adoptamos el primer camino porque estamos convencidos de que por allí está lo mejor. Y en este camino sumamos abuelos, tíos, primos, amigos y quizás, los más importantes: hermanos. ¿Cómo viven ellos la discapacidad de su hermano? ¿Qué sienten cuando lo ven tomar medicación mañana y noche o cuando sus padres están preocupados porque su hermano no para de convulsionar?
Y en esto creo que lo mejor es hablar, despejar dudas, preguntar. Cuantas menos dudas tenga ese niño, más tranquilo estará sobre la salud de su hermano.
¿Puede llegar a darle verguenza su hermano que con 8 años todavía no habla? Probablemente. Pero lo importante es que ese hermano comprenda la situación, siempre con explicaciones acorde a su edad, y que lo dejemos reflexionar libremente, apoyándolo y explicándole las particularidades de la situación.
¿Qué es la normalidad? ¿Quién sería normal?
Como los padres vivamos la discapacidad de nuestros hijos, será como el resto de la familia y entorno la viva.

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